Si estás leyendo es porque yo ya estoy muerto.
Has encontrado esta carta buscando en mi baúl, y honestamente prefiero que la dejes donde está. ¿Nunca has oído de que hay que dejar a los muertos en paz?
Vuelve por donde has venido.
Nadie te quiere aquí. Márchate, y nunca más mires atrás. Tus juegos mentales y tu suicido emocional fueron los que me mataron.
Piensa. ¿De verdad eres como dices ser?
O más bien, dices lo que aspiras ser, sin siquiera intentarlo. Si no obligas a tu mente a trabajar, ¿qué esperas? Qué va a ser de ti...
Me apiado de tu pobre alma. Que no ve más allá. Que se quedó en nada. Me prometiste la luna, ¿también se te olvidó por el camino?
Vuelve de dónde viniste, quédate en la nada, en el silencio y en la soledad. Y te lo pido de corazón, sí, el corazón que no te importa una mierda, déjame vivir. O ahora más bien, déjame estar muerto.