El tañer de las campanas hizo que se diera cuenta de la hora
que era.
-¿Ya es de día?
Mientras se frotaba los ojos intentando ver a través de la
ventana, un color blanco y destellante asomaba.
-Tengo que darme prisa.
Su cuarto olía mal, descuidado, desordenado. Él opinaba que
no estaba tan mal y que así estaba bien.
Salió de su cuarto al salón con paso decidido, los ojos se
le cerraban a cada momento que pasaba, no sabía si podría aguantar mucho más
despierto.
Al salir a la calle la gente le miraba.
-¿Qué es lo que pasa?
Él sabía muy bien lo que había hecho pero, los demás ¿también?
Puede que fuese el aspecto cansado, las ojeras o el pelo
largo despeinado que le tapaba un ojo.
-¿Qué puedo decir? Pensaba.
No puedo decir absolutamente nada.
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